Alfredo Cardozo: lo que el mar lleva y trae

Alfredo Cardozo, Mar del Plata, 13 de enero 

     

El ser, el hacer
Nací y me crié en Mar del Plata. Soy fotógrafo, de oficio y de profesión, contagiado por otros fotógrafos: Raul Pujadas, Rodi Medvegcig, Pablo Caldarella, Osvaldo Fulgenzi, Sergio Negrioli, Norma Andenoche, que contribuyeron en mi búsqueda aportando algunos saberes. Observando el trabajo de los grandes maestros entrené la mirada propia.

Los temas
El tema que me acompañó durante años fue el retrato. El acercamiento con cada uno hasta poder reflejar un poco su alma, su sentimiento, su circunstancia y la relación retratado-retratista. Tengo varias series: “Familias Gitanas”, “Puerto sin tiempo”, “Gente en la peluquería”, “Retratos de artistas”, entre otros.

El lenguaje, el canal, los recursos, los elementos
El lenguaje que elijo es el que construí por años mejor manejo: la fotografía. Además, lo siento necesario para estos temas por ser el más aproximado a la realidad. Como recurso me manejo mejor con el blanco y negro, donde no hay color que distraiga y se realza la iluminación logrando concentrar la atención el modelo.

    

Qué historias o imágenes que te quedaron sin revelar
Es difícil elegir un par de relatos entre tantas historias, pero se me vienen a la memoria algunas muy significativas. En el año 1990, navegando en una embarcación con Federico Contessi –dueño del astillero Contessi– nos cruzamos con un barco pequeño muy deteriorado… Sus tripulantes, al reconocer a Federico, alzaron sus brazos en señal de alabanza. Al verlos, Federico se sorprendió. Me comentó que no entendía ni la actitud de los tripulantes ni cómo ese barco estaba navegando… cuando él, doce años antes, al recibir ese barco en su varadero para repararlo se negó a hacerlo porque estaban sus maderas podridas y el barco era imposible de reparar. En ese momento exigió que lo llevaran del astillero por tierra y que el barco no volviera al mar. Ese barco era el Amapola. Dos semanas después se hundió arrastrando al barco Angelito, que intentaba rescatarlo. Murieron los tripulantes de ambas embarcaciones.

También recuerdo cuando recorría los muelles, vestido como los demás trabajadores para pasar desapercibido, ocultando la cámara de inspectores y agentes de control en un viejo bolso. Una mañana temprano se me aproximó un armador ofreciéndome embarcar. En otra oportunidad, en la muestra de un concurso de fotografía sobre el puerto una participante presento una foto donde estaba yo, camuflado entre otros personajes del puerto. Un poco me gusta esta historia… donde el lugar del que mira y del que es visto puede resultar azarosa, confusa, fundida.

Y por último… elegiría la imagen de un pescador de lanchas amarillas oriundo de Chaco, ya avanzado en edad y un poco apegado a la bebida que quedó descartado del trabajo por esta razón. Al no poder regresar a su provincia por falta de recursos, vivía durmiendo en las lanchas y alimentándose con el pescado que los conocidos le daban. Para ayudarlo se me ocurrió decirle que un barco recién botado del astillero no tenía sereno; le nombré a los dueños, le dije que fuera de parte mía y lo tomaron. Cuando lo volví a encontrar me agradeció. No sé el final de la historia…. Al poco tiempo no lo vi más. Tal vez haya costeado el viaje al Chaco natal o haya ido con aquella embarcación adonde la embarcación iba: al sur. A un lugar completamente opuesto a aquel adonde él iba.

Son historias de vida: emocionantes, tristes, alegres, reconfortantes e interminables… Como las personas que conocí durante tantos años caminando y saltando de lancha en lancha.