El cartógrafo y sus visitantes

El cartógrafo y sus visitantes

Este viernes se inaugura en el CCK una muestra que compuso el artista Guillermo Kuitca y reúne a 23 artistas visuales del mundo con 800 obras que pertenecen a la Fundación Cartier. La que sigue es la historia del vínculo entre la muestra y él. O entre el arte y él. Kuitca: el niño prodigio, el nombre de la beca, el inspirador de nuevos artistas, el apellido resaltado del grupo dream team de arte contemporáneo latinoamericano, el seleccionado por los grandes museos, el pintor de los mapas del arte, el esquivo a las etiquetas, el puntualizador en las entrevistas, anda. Y busca, sin temor ni pausa, un lenguaje para decir lo que vale ese esfuerzo gigante: eso que aún no fue dicho.

    

El pintor de los mapas

Guillermo Kuitca expuso por primera vez a los trece años. No tenía idea de qué era ser artista cuando ya lo era. Ese parece ser su lema de vida: hacer antes de que lleguen las palabras. O que cuando lleguen –las palabras, los rótulos, los premios, la Historia– lo encuentren trabajando; haciendo que ese ser sea el hecho o la suma de los mismos. “Tiempo sin una palabra” cantaban los visitantes originarios: la banda de rock argentina que dejó atrás junto al siglo pasado, Palo Pandolfo. Kuitca dice que nada le interesa más que lo contemporáneo y que no mira al pasado con nostalgia. Puede ser que al tiempo no lo use para la contemplación sino para el ejercicio –como verbo, en presente– y el sinfín de contactos, conocimientos, reconocimientos no sean más, entonces, que una consecuencia externa de su curiosidad incansable y de su puesta en marcha. “Cuando voy al museo camino a la velocidad de cualquier turista y freno sólo cuando algo me llama la atención”.

    

Las cocardas que lleva son muchas:
Una. Comenzó exponiendo a los trece años en la mítica galería de los setenta, Lirolay y se hizo conocido en el mundo por sus mapas y plantas arquitectónicas, plantas de teatros y edificios públicos, pero también por sus mujeres de espaldas, las camitas, los colchones y las pinceladas de color.
Dos. Antes de los treinta había participado en la Bienal de San Pablo y tenía un libro sobre sus comienzos firmado por el crítico Fabián Lebenglik. Por ese tiempo exhibió obra en el IVAM de Valencia y el Tamayo de México; era un artista exitoso y vendido en las dos grandes galerías Sperone/Westwater y Hauster & Wirth, per también llegó a vender en las subastas latinoamericanas de contemporáneos en Christie´s y Sotheby´s.
Tres. Exhibió su trabajo en los museos más importantes del mundo y forma parte de las colecciones más prestigiosas: el Met, el MoMA, el Art Institute of Chicago, el Tate Gallery, el Stedelijk Museum, el Museo Hirshhorn y el Jardín de Esculturas, entre otros.
Cuatro. En 2007 fue elegido por la Cancillería argentina para representar a nuestro país en la Bienal de Venecia y lo hizo asumiendo el riesgo de mostrar obra nueva muy distinta a aquella por la que se había consagrado.
Cinco. Fue creador de una beca, la beca Kuitca, con la Universidad Di Tella, como forma de estar en el país cuando toda su obra daba vueltas por los museos del mundo y como modo de acompañar artistas, formar, reflexionar su obra. La beca fue un semillero de 160 artistas argentinos y él, claro, un referente.
Seis. Ha entablado una relación con la Fundación Cartier de París que le permitió confeccionar esta muestra que el viernes inaugura a partir de una selección de 23 artistas del mundo y 800 obras que pertenecen a la Fundación. Pero… dice que no le gusta el título de curador. Tal vez sólo sepa de la historia de un artista o tal vez tenga razón y el nombre ese esté mal, empezando porque el arte no tiene cura.
Siete. Y, si nadie se lo dijo hasta ahora, ya es hora: es un gran titulador –Nadie olvida nadaEl mar dulceSi yo fuera el invierno mismoLa Tablada SuiteThe RingSiete últimas canciones, Diarios–, se llaman algunas y entonces mejor ponerle la distinción de editor. Que al fin y al cabo no es otra cosa que eso: ver, seleccionar, contar y poner un título a todo, lo que hacemos los editores.
Ocho. De todos, me gusta más esta última, quizás menos visible frente al brillo de las otras o un estrella de un brillo más íntimo.“Yo soy el que baja todas las mañanas al taller a enfrentar la tela en blanco. Ese es mi esfuerzo. Siempre empezar de cero. Si tengo que decir algo de mi vida de artista, tal vez lo que más me asombra es haber logrado sostener una carrera de tantos años sin perder el entusiasmo original”.

    

Del mapa al lugar: un cuarto propio

El punto de partida de la monumental muestra que Kuitca montó en 2014 en París fue la incertidumbre o más concretamente: el perturbador efecto de desconcierto que, en ese mismo lugar, unos años antes le había producido la instalación de David Lynch: Untitled 3006-2007. Cuando Kuitca vio la instalación no pudo aprehenderla de un golpe de vista. Volvió a verla y luego dijo que la obra “lo descolocó”. Sacó provecho de esa incertidumbre… de esa falta de confort, maduró la idea… Y en 2014 creó David Lynch’s Room y fue la obra que exhibió en París.
1986 fue la última vez que Kuitca pintó figura humana dentro de una obra. Fue en Siete últimas canciones…. Algunos periodistas y críticos de arte dicen que la figura humana se perdió en el camino de Kuitca. Él dice: “la figura no está, pero están sus huellas. Me estorbaba. Alguien estuvo allí y me interesa más esa huella de lo humano que la figura misma”. Sin embargo, hay algo… que es posible ver entre esta obra y el cuarto de Lynch… Algo común; algo que migró de un sitio a otro. O un mismo sitio que terminó de perder su color y, veinte años después, aparece nítido, evidente y definido. Ese hombrecito abatido de las Siete últimas canciones… ese hombrecito con traje y sin propósito, a unos pasos de la parte inferior de la cama, con el mentón en dirección al piso de esa habitación ha desaparecido. Y en la habitación actual aparece algo más que un color más potente… La sensación inmanente del paso de un ser que encontró su poder, que deja ese lugar como un guiño, como una forma imaginada de compartir lo que se puede transmitir –contar sin contar– de la experiencia de la creación y lo que eso transfiere a los lugares.
Habitado por muebles-esculturas de David Lynch, el espacio también está impregnado por la voz de Patti Smith, quien revisita un texto escrito por el cineasta en 2011: una extensa y perturbadora fábula poética que narra la historia de un antílope que cruza una ciudad y observa a sus habitantes. Entonces traza ya no un mapa sino una cartografía: un arte de trazar…. Una forma particular, imaginaria, subjetiva de reunir, unir, de definir el mundo desde un lugar. Una lectura del todo desde un mínimo espacio donde los ecos son íntimos pero dan cuenta de haber avistado ese mundo de alguna manera. El resultado es a su vez una teoría sobre el arte y del proceso creativo. Y, sobre todo, una forma de proyectar esa incertidumbre.

   

Los visitantes

El viernes se abrirán las puertas del Centro Cultural Kirchner y los visitantes (esos artistas reunidos por Kuitca) serán los habitantes del lugar y los habitantes de este país, los visitantes, como primer desconcierto. Les visitants es una vuelta de tuerca a Les habitants, que fue precisamente una mirada de Guillermo Kuitca sobre la colección de la Fundación Cartier de París. El artista argentino trabajó sobre la exposición original en 2014, en ocasión del trigésimo aniversario de esta institución dedicado al arte contemporáneo que es sumamente ecléctica en sus intereses, con una fuerte impronta de cruces enriquecedores entre distintas disciplinas.
Cartier ha ejercido un papel de mecenazgo cultural en la sociedad francesa y su colección asciende actualmente a 1500 obras de más de 350 artistas de 50 nacionalidades diferentes. No solamente se fija en artistas consagrados, sino también en aquellos que están surgiendo, en un diálogo cosmopolita que no sólo se interesa por el arte sino también por los temas de la sociedad. Además de exposiciones tradicionales, propicia intercambios entre filósofos, artistas, científicos y cineastas, en horarios fuera de los convencionales en los museos, como las Noches Nómades, que incluyen danza, música y artes escénicas y las Noches de Incertidumbre, que proponen tender puentes entre artistas, pensadores y científicos.

     

En su viaje a Buenos Aires en este seleccionado armado por Kuitca reúne piezas de 24 artistas internacionales, desde el cineasta y artista plástico David Lynch a la directora de cine belga Agnès Varda, incorporando a la poeta y cantante estadounidense Patti Smith, así como a los fotógafos Wolfgang Tillmans y Nobuyoshi Araki, que llegarán por primera vez a la Argentina.
artistas como Jean-Michel Alberola (Francia), Nobuyoshi Araki (Japón), Raymond Depardon (Francia), Claudine Nougaret (Francia), William Eggleston (Estados Unidos), Nan Goldin (Estados Unidos), Alair Gomes (Brasil), Douglas Gordon (Reino Unido), Rinko Kawauchi (Japón), Seydou Keïta (Mali), Guillermo Kuitca (Argentina), Daido Moriyama (Japón), J.D. Okhai Ojeikere (Nigeria), Tony Oursler (Estados Unidos), Artavazd Pelechian (Armenia), Patti Smith (Estados Unidos), Hiroshi Sugimoto (Japón), Juergen Teller (Alemania), Wolfgang Tillmans (Alemania), Agnès Varda (Bélgica), Adriana Varejão (Brasil), Francesca Woodman (Estados Unidos) estarán en el CCK. Y, claro: varios cientos de dibujos de Lynch, así como una serie de fotografías del cineasta estadounidense presentadas por primera vez en público.
En el piso de La Gran Lámpara, en un vaivén entre abstracción y presencia física, Kuitca propone el encuentro entre un film de Artavazd Pelechian –auténtico himno a la naturaleza salvaje, que muestra animales huyendo de manera despavorida de una amenaza invisible–, una serie de grandes fotos, Formas Matemáticas, de Hiroshi Sugimoto, y un conjunto de obras de Francesca Woodman, en las cuales la artista pone en escena su propio cuerpo en una aparición cambiante y fantasmal.
La exposición comienza este viernes 27 de octubre y durará seis meses. Tendrá encuentros con los artistas, conciertos, performances y noches de debate e intercambio de ideas, con el objetivo de crear espacios de diálogo que propongan nuevas miradas sobre los temas que abordan las obras.