El regreso de la poesía

El regreso de la poesía

Cantante, poeta y artista visual, considerada una de las artistas más influyentes de la historia del rock, Patti Smith regresa al país tras doce años. En una producción de la Fondation Cartier pour l’art contemporain y el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, se presenta en la Sala Sinfónica del CCK en dos fechas: el 28 de febrero y el 1 de marzo. Las entradas son gratuitas y pueden retirarse desde hoy 22 de febrero, a partir de las 13 hs. en la boletería de calle Sarmiento 151 (CABA) o reservarse en la página del CCK.

   

En su regreso a Argentina la sala sinfónica del CCK será sede de sus shows: el 28 de febrero recitará poesía –en un encuentro que contará con su histórico guitarrista y tecladista Tony Shanahan y con el director de la Biblioteca Nacional Alberto Manguel y el artista plástico Guillermo Kuitca –curador de la muestra Les Visitants que se desarrolla simultáneamente– como invitados y el 1 de marzo dará un concierto junto a Shanahan , el pianista Matías Sagreras, el cellista Patricio Villarejo y el guitarrista Jimmy Rip, haciendo temas que recorrerán diferentes etapas de su trayectoria.

¿Por dónde entrar a Patti Smith? La pregunta genera accesos varios:

Por una mini y escuálida biografía: esta chica nació en 1947, en una familia religiosa de Chicago y fue criada por los preceptos de los testigos de Jehová. Su madre era cantante de jazz y su padre empleado de una multinacional. Apenas graduarse, en 1964, a raíz de la crisis económica que atravesaba su familia, comenzó a trabajar en una fábrica mientras estudiaba en al universidad, pero a los veintiún años dejó sus estudios y se fue a vivir a Nueva York. Allí, trasladaría su propio mundo –el de la escritura, los pensamientos como luciérnagas: volátiles, oscuros y luminosos, posándose en las formas de la noche– y comenzaría a hacerse al mundo, propio… Se encontraría con los suyos –los cómplice–; esas otras piezas disfuncionales del sistema que, paralelamente, fueron perfectos engranajes de la contracultura: el fotógrafo Robert Mapplethorple, el poeta beat William Burroghs; su marido, el músico Fred Sonic Smith.

  

¿Por dónde entrar a Patti Smith? Por un puñado de discos que trazaron un rasgo a los setenta. Por Horses (1975), su primer disco, al que la revista Rolling Stone considera uno de los cien álbumes de la historia del rock. O por Ola (1979). O por el contrafrente: escuchándola hacer canciones prestadas: de Cobain, Smell like teen spirit, o de Mick Jagger: Gimme shelter, porque sobra como muestras de la potencia y la textura rugosa de sus voz como una bandera a media asta entre confesiones, rugidos y gemidos.

¿Por dónde entrar a Patti Smith? Por alguno de sus libros recientemente editados en Argentina por Lumen … Éramos unos niños  fue el primero en salir del horno y cuenta la vida en común de dos artistas, ella y Robert Mappletorple; dos entusiastas y apasionados, que cruzaron de modo singular y zigzagueante la periferia de Nueva York en un camino que los dejó en  el centro neurálgico del nuevo arte. De cómo acabaron instalándose en el hotel Chelsea y se convirtieron en los protagonistas de un mundo de artistas

   

  

Y a fines del año pasado llegó M Train / memorias. Un libro para hallarla, de a ratos, sentada a su mesa del café Inno, cerca de su casa: una especie de prolongación de su cocina a unas cuadras de su departamento o en cualquier vagón –como tramo de viaje, de vida– de ese tren desenfrenado –o no tanto ya- en la que ella es maquinista y pasajera; a veces, también la atropellada; otras, la silente vagabunda que mira por la ventanilla un mundo que nos deja una colección de fotografías y se desvanece. M Train Memorias es un libro maravilloso, inolvidable, con los condimentos de las mejores series: esas en las que uno duda de si avanzar, porque también avanzar será el fin del relato –o la excusa para volver a subirse allí–. Retazos de ciudades, de libros amados, de poetas; la compañía de una mujer de setenta años que transcurre entre, ánimas, fantasmas y el maná de los objetos; la historia de quien alguna vez fue una chica punk pero que nunca dejará de ser una niña. Y, ¿quién dijo que ser unos niños es naife? Ser niños es la potencia del todo: de las preguntas más grandes, de la curiosidad, de los profundos saberes, de los aprendizajes esenciales, de las revelaciones crueles y los deseos luminosos, llenos de aventura.

   

Pero también es una escritora  a la que, mientras narra vivencias, andares, amores, periplos motivados por una curiosidad insólita, la iluminan los rayos nacientes del inconsciente colectivo. Su escritura sale de esa urgencia por decir de algo más trascendente: aquello que despunta y será el sol del nuevo día o de aquello que muere y necesita alguien que le haga sepultura. No es fácil ese rol de enterradora; no es para cualquiera. Requiere –como mínimo– cierta distancia prudencial de las personas, cierta tolerancia a la amargura, la fealdad, a la podredumbre junto con la habilidad de pensar en ello como el terreno fértil de las flores y la vida de nuevo. A los setenta y dos años y a una semana de rebalsar la sala sinfónica del CCK y arrojar sobre la ciudad de Buenos Aires la música y la poesía, ella sigue siendo una niña.

¿Por dónde salir de Patti Smith? Y bueno… Eso sí que ya no podría decírselos… El riesgo a quedar atrapado es más bien alto. Luego no dirán que no fueron advertidos. Entren por algún lado. Y salgan por donde puedan.