Trazo y sonido del inconsciente colectivo

Trazo y sonido del inconsciente colectivo

Este viernes y sábado próximo se celebran las Jornadas por los 15 años del Club del Dibujo, a partir de las 14hs en el museo MAR. Como parte de la celebración habrá un concierto de música contemporánea ideado por Martín Virgili. En esta nota, Martín y Mario Gemín (fundador del club) narran en qué punto se encontraron sus caminos.

          

Don´t stop me now

Martín Virgili es genial. Está totalmente loco y está totalmente cuerdo. Y la dimensión en la que es difícil explicar porqué esto no tiene ninguna contradicción es directamente proporcional a la dimensión en la que es difícil tener una respuesta para cómo es que todo esto -y solo esto- que nos circunda es lo que hemos consensuado como realidad.

Martín es un incómodo pero es feliz. Porque en vez de haber tomado el rumbo equivocado –el de la crítica especializada o renegarse… digamos: en vez de perder el tiempo- anda. Genera el contenido que podría estar y no está… Investiga lo que se dejó de lado sin hacer de esto una militancia para rectificar los fallos de la academia al estilo Focault y, para colmo, es erudito.  Entonces, no cree que parta de cero, no funda una fe… Habla de la Historia previa a todas las cosas y a todas las categorías que conocemos y damos por sentadas (o paradas). Y le encanta hablar de eso: del mundo que se nos perdió por el camino… Por todo esto, hablar con él es como salir a dar una vuelta al espacio y más allá con una Ferrari. Pero no adentro de la Ferrari sino corriendo a su lado. Impresionante. Y extenuante.

Dan ganas de decirle –las mismas veces-: ¿por favor podrías ampliar esta idea respirando entre palabras, sin seguir adelante, deteniéndote –como un gesto de compasión (sino de comunicación)- en un solo aspecto por las próximas tres horas? (y podría: porque sabe, pero no podría: porque sería como pedirle a Charly Parker que no toque así, que ralentice su modo en la música) y, también,  ¿no serías tan amable de irte y dejarme en paz? Que yo estaba bien con mis problemáticas triviales y mundanas y ahora ni con tres cerebros en ensamble previamente ensayado podría seguir tus ideas como se merecen.

Martín Virgili nació el 21 de diciembre del `76. Es porteño, de San Telmo. Se formó como compositor en el CEAM (Centro de Estudios Avanzados de Música Contemporánea). Es músico recibido en la UBA en la carrera de Musicología. Es contemporáneo. Es estudioso. Es un entusiasta. Es una visión que hará escuela. No sé si es que eso sea ser un artista, pero pongámosle. Es un incansable. Es un indisciplinado. Es un disciplinado. Es completamente agradable para charlar. Es bebedor de whisky y al parecer es también coleccionista –de discos, partituras, whiskys, amigos y locos de su talle que le siguen la corriente-. Dicen que es buen anfitrión. Y no es consciente de que debería tener un biógrafo a su lado todo el día, pero claro: ¿quién resistiría esa tarea?

    

“Casi todo lo que sabemos de música contemporánea o experimental es lo que pasó entre el nacimiento de John Cage y la muerte de Joseph Boys”, dice. “O sea: entre 1912 y 1986”. (Nota: Se puede vivir en este mundo y hacer casi todo en la vida: pasar un examen psicofísico, tener un registro de conducir, sostener un trabajo y un compromiso matrimonial, criar diez hijos, ser honoris causa, ganar un Pritzker, surfear y muchas cosas más sin saber quiénes son John Cage y Joseph Beuys. Pero nada de todo esto contaría como antecedentes válidos para hablar con Martín. Para hablar con él no se puede no saber –al menos vía Wikipedia- quiénes son estos dos mostros, pero no porque él lo exija; sino porque da por sentado que todo el mundo lo sabe y cualquier cosa que diga parte de este presupuesto).

Martín se vino de Buenos Aires en el 2003 siguiendo a una novia que ya no tiene y buscando algo que no encontró: el eco de otros compositores o académicos que pudieran dialogar con él sobre experiencias de creación y recreación de la música contemporánea. Como en el Conservatorio Municipal no supieron si aceptarle o no un archivo inmenso de partituras incunables y parecía que esta ciudad tenía muchas cosas (peces, acantilados, tiempo y espacio) pero no tenía otros músicos poniendo en cuestión su campo tuvo que empezar a hablar con foráneos: artistas plásticos, que al fin y al cabo nadie mejor que ellos para romper las reglas de todo… A ver si alguien, al menos en otro lenguaje, podía mirarlo y hacer el ademán de estar buscando algo, aunque no fuera en la música.

Mientras comenzaban los diálogos y se tomaba este hecho de la carencia como una oportunidad de introspección, llamó a este tiempo período marino y lo utilizó para escribir y componer. Viajó mucho. Viajó a Colombia y descubrió que había una perspectiva latinoamericana de la música contemporánea. Allí conoció, entre otros músicos, a Bocanegra. Viajó a Finlandia. Y se encontró con el mundo de la semiótica musical y las nuevas disciplinas relacionadas a este campo, como la zoomusicology, la etnominerología y la paleomusicología (que indaga las sociedades que formaban las piedras e imagina los sonidos que pudieron surgir de allí).  Básicamente: desaprendió los tótems de la música que la hegemonía cultural europea había fijado. Y… comenzó a ingresar con pasos lentos a la Filosofía de la música. También, comenzó a dar clases en la Universidad Tecnológica del Puerto en dos cursos que armó: uno, sobre arte y otro, un taller de luthería en el que fue la entidad convocante (no el luthier).

Al poco tiempo la lista de artistas visuales con los que se encontraba pensando a la par creció… -algunos de ellos forman parte del colectivo Mundo Dios y otros andaban sueltos por ahí: Analía Baños, Gustavo Christiansen, Adriana Sasali, David Bressan, Santiago Álvaro, Luciana Gutierrez, Candela Chirino, Julieta Basso, Alejandra Estifique, Juan Souto, Daniel Basso, Mariana Pellejero, Jorge Ihlenfeld, Miguel Canatakis, Gustavo y Mariano Morales, Mario Gemín- y lograron algunos proyectos: en 2012, hacer un concierto “Bocinata” –la interpretación de una obra del compositor argentino Sebastián Bauer- dentro de un festival que se llamó Rarísimo (porque era rarísimo) y filmar una película con un nombre más expulsivo que abrazador: “Fluctuat nec mergitur” (que traducido del latín sería: se mueve pero no se hunde) y que fue en parte una síntesis del arte emergente y marginal de esta ciudad. También hicieron SAC (Semana del Arte Contemporáneo), la pieza de Georg Bretch “Motor Vehicle Sundown” -una obra compuesta para autos en 1960 y que se llevó a cabo en el Torreón del Monje con 20 fititos y más de 70 conciertos dedicados a la música contemporánea y experimental, gracias a los cuales conocieron la ciudad artistas de Colombia, México, Suiza, Holanda, Canadá, Estados Unidos, Turquía, España, Francia, Italia, Chile y argentinos de otras latitudes.

Un trazo y una vibración común

En 2010 Martín conoció a Mario Gemín. (Daría yenes -para que no sea un problema la devaluación del peso- para ver esa escena inaugural). Personalmente, a Mario Gemín lo conocí hace años, en el 2008. Yo trabajé durante un verano en una disquería llamada Sibelius que quedaba sobre calle Güemes y me habían hablado de los diseñadores de una revista hermosa de reseña de discos y libros llamada Métrica. La revista me encantaba! La hacía el estudio WOK, que conformaban: Mario Gemín, Pedro Cendoya y Mariano Morales y era una crema la revista y el power trío que después se disolvió. A Mario nunca pude decirle lo que me encantaba esa revista porque no se estaba quieto ni para escuchar. Algunos de los dossiers ilustrados que venían al centro de la revista los enmarqué y aún hoy siguen colgados en mi casa: Marguerite Duras, Bill Evans, Ella Fitzgerald… El de Jack Kerouac era una síntesis perfecta de todo: del diseño, de Jack Kerouac, de los surcos del camino en un atardecer que se desvanecía.

    

De entender que todos los grandes maestros ponen al dibujo como la piedra filosofal del diseño –lo comprendió trabajando en Estudio de Yves Zimmermann, en Barcelona y viendo sus impecables bocetos a mano; sabiendo que América Sánchez no usa Mac y ni se le ocurre aprender a usar el Ilustrator y que sus herramientas de diseño son el lápiz, el pincel, el rotulador, la tijera, el compas y escuchando a Norman Foster hablar sin cansarse de decir que el dibujo es punto de partida para sus inmensos proyectos de arquitectura inglesa- optó por el dibujo. Y, además, que en la raíz de la palabra diseño está designare –en latin, dibujar- y designio. Para cuando lo conoció Martín, Mario había fundado el Club del Dibujo. Como práctica y oficio terrestre, este club nuclea a manos y cerebros conectados en trazos imprevistos que dan cuenta de un universo lejano. Artistas outsiders que hacen del dibujar un escribir y del resultado un fractal del inconsciente colectivo. De modo más institucional, en su presentación el club dice: “El dibujo es una fiesta, es el goce de ser testigos del movimiento de la acción o la acción del movimiento. Cada desplazamiento de la materia deja un rastro —que es también una marcación del y en el tiempo — que cumple con la sencilla misión de corroborar el estado transitorio de todo lo que acontece en lo vivo, en el mundo y en el universo. El dibujo es eminentemente creacionista, solidario con el surgimiento de las formas y de las ideas. Es una herramienta integrada en toda actividad humana y por eso su destino como práctica seguirá salvaguardado más allá de las tecnologías y las catástrofes”. Y Mario, en una respuesta más reflexiva cuenta: “El dibujo es una herramienta que no debe perderse. Es demasiado importante. Alertados por el avance tecnológico, fue nuestra reacción de protección. Agruparnos para resistir: juntos es posible. Con mi amigo Daniel Besoytaorube tuvimos que presentar un proyecto para un encuentro internacional de artistas que se llamó Proyecto Trama y le propuse presentar el Club del Dibujo. En el 2002 hicimos la primera exposición en el Centro Cultural Auditorium de Mar del Plata. Luego, se sumó Claudia del Rio, de Rosario y de ahí en más no detuvimos la marcha. Barcelona, Mar del Plata y Rosario se convirtieron en las tres ciudades donde el Club tiene sus sedes fundacionales y desde donde despliega sus actividades. Hace falta mucha energía para intentar recordar que no todo pasa por un móvil, tableta o notebook. El dibujo es un gesto que define la humanidad, como caminar, respirar, escribir, leer. Más allá del sistema del arte, el dibujo siempre estuvo ahí… Desde Altamira hasta los carteles de las verdulerías. Por eso decimos que escribir es dibujar. Imaginemos un futuro sin el dibujo: es imposible. El software es contenido y forma. Determina el resultado, de allí que hay mucho diseño grafico e ilustración similar, casi idénticos. Al igual que el de las cámaras fotografías con sus escenas pre seleccionadas. El dibujo es el ayuda memoria, nos recuerda nuestras habilidades, nuestras infinitas posibilidades creativas fuera de todo canon, regla o formalidad”.

En una nota para una revista de diseño, le preguntaban a Mario cuál era el objetivo del club. Su respuesta fue: “Somos una organización fuera de todo propósito de logro. No tenemos objetivos. Nos juntamos a dibujar. Eso es todo. Mientras dibujamos van pasando cosas. La práctica del dibujo compartida es algo que hay que experimentar. Es irremediable: se despierta la conciencia. Un ejercicio clásico del Club es el autorretrato en A4 a partir de la foto del DNI. Asombroso. Hasta los que decían que no sabían dibujar, dibujan. No hay escapatoria: todos diferentes, originales. No hay malos o buenos dibujos. El valor del dibujo excede las posibilidades de cualquier explicación o comentario. Está en el ADN de la humanidad. No es una práctica exclusiva para artistas o dotados: como el habla, la escritura o la expresión corporal, forma parte de nuestro repertorio al momento de comunicarnos con el otro, de darnos a conocer. El dibujo es conocimiento para uno mismo, para los demás. En la calle hay mucho dibujo. Prestemos atención a cada papel que nos dan, a los que están tirados, a los carteles. Pidamos a nuestros familiares que nos dibujen algo, que nos escriban sus nombres. Coleccionemos dibujos de niños. De ancianos. Y, como decimos en el Club, un dibujo cada dia, es la mejor autobiografía del autodidacta”.

   

Para el momento de su encuentro, Martín había creando Negra40: un sitio web que nuclea artistas provenientes de diversas disciplinas, interesados en la promoción, producción y difusión de nuevas formas de creación artística bajo una perspectiva sonora. Es una cooperativa de trabajo autofinanciada por sus integrantes desde su origen -en agosto de 2013- ha realizado conciertos, charlas, talleres, caminatas de poder… Dado que sus miembros viven algunos en Mar del Plata y otros en Buenos Aires, las actividades se desarrollan en ambas ciudades, en salas pequeñas, a escala humana, abiertas a intérpretes y creadores que se interesen en presentar trabajos relacionados con la música contemporánea, el video música, acusmática, la poesía experimental, la electrónica y otras formas de creación artísticas para romper viejos paradigmas en el arte y hacer nuevas exploraciones estéticas.

Lo que dice Martín Virgilli es que en algún momento él y Mario Gemín encontraron una intimidad entre la música y el dibujo… Y desde ahí se proyectaron poco a poco sin preocupación sobre el límite del soporte sobre el que lo estaban haciendo o en qué lugar del horizonte frenarán las líneas en común.

“La música de la cultura occidental, el pensamiento y su naturaleza está muy vinculado al pensamiento gráfico. La música se origina u organiza a través de partituras, en pentagramas, a partir de notas… Pero más allá de esa evidencia, creo que tienen en común el inconsciente material. Tenemos en nuestro cuerpo sustratos del universo que vienen desde hace 5.000 millones de años si tomamos como referencia el origen de la Tierra, pero también podríamos contar a partir del comienzo del universo con el big bang y entonces serían 14.000 millones de años… Este no es un hecho místico. Ni un hecho vinculado a una intuición de trascendencia o idealismo. Es un hecho físico. Sin embargo, nos pensamos a partir de un 0, que vendría a ser el nacimiento de Cristo, desde el cual contamos sólo 2.000 años. Y lo peor es que todas las visiones simbólicas que tenemos de la música las extrajimos de los últimos 200 años de la historia de la música… en una historia que tiene 40.000. Si restamos a esos 40.000 los 2.000 que sí contemplamos… vendrían a ser algo así como 38.000 años de desconocimiento absoluto sobre para qué la música existió… “. Lo escucho atentamente hacer números extraños con la velocidad de los gitanos. Exhalo, en completo silencio y seriedad, buscando un punto fijo atrás de la silla en la que él está sentado frente a mí donde dejar la vista quieta… Veo las espaldas de las chicas, las nucas a la altura de los monitores de pc; las chicas que para sobrevivir a esto se han enajenado, no importando cuán brillantes sean las cosas en las que estén pensando… Creo que nadie, por más cosas complejas que piense, podría llegar a andar encima con estos planteos y esa soltura.

    

Y sigue: “En esos otros 38.000 años, la música cumple una función que es otra… Ofrecerle al hombre la puerta para el entendimiento o la mirada a ese gran cosmos es la búsqueda, a partir del diálogo entre materialidades… Pensando que alguna vez la música fue otra cosa… el sonido fue la manera que tenía el hombre de conducir una potencia de un lugar a otro… de transformarla. La imagen del sonido articulado aparece recién a través del instrumento… Entonces incluso hay que ir antes de la articulación y antes de la creación de los instrumentos”.

Ahora pergeñaron un plan para este fin de semana: celebrar a lo grande los 15 años del Club del Dibujo con proyecciones, ilustraciones, exposiciones y conciertos. Las jornadas son una ocasión de celebración del natalicio del club pero también un momento de meditación para pensar en el dibujo: en sus alcances, sus usos, su escala filosófica y estética, su estatuto primordial que atraviesa las artes y la comunicación y se erige en una ciencia de las huellas, del tiempo y del espacio.

Martín mira la hora y se tiene que ir. Alrededor, la oficina está en completo orden y un funcionamiento puesto en mute.
– Chicas, discúlpenme–dice acomodándose los anteojos… -pero al menos si no lo que escucharon en esta hora y media, al menos el silencio subsiguiente a que me vaya les será de lo más reconfortante- cierra, en una última lección elemental de lo que la música es.

Cuando se cierra la puerta, una de las chicas me mira.
-Qué intensidad…-dice.

Recuerdo entonces un instante previo en la charla… Algo, un concepto, que atiné a decir que no entendí… Que me parece una idea que en sí misma tiene un enunciado digno de ser desplegado en tiempo y espacio como el hilo de un cometa, para que se vea más cierta y clara. “No te preocupes… “, dice Martín. “Hay tiempo… Tenemos una esperanza de vida como de 80 años… descontando algo por las drogas y el alcohol, de todos modos nos alcanza”. Se ríe.

Yo no sé quién pueda seguirle el paso a este chico… Siendo que apenas pisó los 40 y es probable le queden 40 más, descontando que, al fin de cuentas, todo se redondee como experiencia vital. De lo que estoy segura es que su recorrido, al igual que el de Mario, tiene bastante para decir y tendrá bastante para legar.

    

Club del Dibujo. Jornadas 15 años. 2002-1017.
Viernes 1 y sábado 2 de diciembre de 2017.
MAR, Museo de Arte Contemporáneo. Mar del Plata, Argentina. Entrada libre y gratuita.

 

PROGRAMA
VIERNES 1 DE DICIEMBRE

16:30 hs. Presentación de las jornadas
Mario Gemin y Martín Virgili

16:45 hs. Charla
Los dibujos de Domingo Guccione:
outsider visionario. Mario Gemin

18:00 hs. Charla
Alaska. Proyecto editorial para el Drawing Center New York. Matias Duville
+info: www.matiasduville.com

20.00 hs. Concierto
Centolla Society. Matias y Pablo Duville
+info: www.centollasociety.com 

SABADO 2 DE DICIEMBRE

16:00 hs. Charla/conversatorio
Presentación del disco-libro “Ciclo del exilio”
Guillermo Bocanegra y Sylvia Gomez (Colombia)
Modera: Camila Juárez
+info: www.triptriptriptrio.com

18:00 hs. Charla
Ejercicios de resistencia. Proyecto para
La Casa Encendida, Madrid. Nicolás Robbio
+info: www.vimeo.com/205526962

20:00 hs. Conversatorio
¿Por qué es importante dibujar?
Guillermo Bocanegra, Matias Duville, Mario Gemin, Sylvia Gomez,
Mariano Losi, Nicolás Robbio y Martín Virgili.
Modera: Camila Juárez

21:00. Concierto
Treatise (1963-67)
Cornelius Cardew (U.K. 1936-1981). Ensamble N40 + invitados: Guillermo Bocanegra (guitarra), Pamela Guruciaga (voz), Pablo Jivotovschii (violín), Camila Juárez (acordeón) Mariano Losi (teclados), Martín Virgili (electrónica).