¿Y vos de dónde venís?

Un músico, un arquitecto y una artista plástica se reunieron a pensar y contar una misma región: la del encuentro entre el litoral atlántico y el campo… y el horizonte inmenso. Leopoldo Juanes. Eugenio Fernández. Josefina Fosatti. Desde sus propios caminos y búsquedas llegaron a o partieron de un lugar común –la identidad, el paisaje del mar y la pampa– y ahora abren el diálogo a nuevos oradores

El sábado 8 de julio se reunirán a las 9 de la mañana en el aula magna de la Faud los nuevos narradores de esta tierra de borde, de fin de tierra, y otras tierras argentinas. Los seleccionados fueron invitados por Leopoldo Juanes y Eugenio Fernández para retomar la conversación sobre identidad y paisaje que ellos iniciaron el año pasado, en este proyecto tan –a la vez– local e infinito, inabordable y complejo, que es pensar la identidad de la tierra propia.

Jorge Drexler, hablando de lo qué él comprendió de ese gran hogar universal que es la música, dijo, en una charla TEDx: “entendí que la identidad es infinitamente densa, está llena de matices, como una serie infinita de números reales que aunque quiera acercarse mucho y ampliarla no se acaba nunca. Las cosas sólo son puras si uno las mira de lejos. Es muy importante conocer nuestras raíces, saber de dónde venimos, cómo es nuestra historia. Pero al mismo tiempo es tan importante como eso entender que todos, en el fondo, somos de ningún lado del todo y de todos lados un poco”.

Pese a eso, la idea es seguir recorriendo formas de mirar y contar; avistando topografías y lugares que hablan de las propias geografías y las formas de enraizarse en el lugar. Y la convocatoria tiene el perfume de ir forjando un encuentro federal. Por esta vez, estarán convocados de Mar del Plata: el arquitecto Roberto Fernández, el compositor y licenciado en artes Martín Virgili y el fotógrafo Diego Izquierdo. De Santa Fe, vendrán el arquitecto Gerardo Caballero y el fotógrafo Gustavo Frittegotto, que hicieron juntos un documental llamado Ensayo sobre La Pampa –una reflexión conjunta, coherente y cómplice sobre el territorio que habitan y su identidad–. De Córdoba, vendrá el arquitecto Marcos Rampulla y Malala Lekander, de Tierra del Fuego. Las conversaciones se cerrarán a la noche en un concierto circular de Creciente, en el Instituto de Música Contemporánea.

Lo que sigue a continuación es una entrevista polifónica que habla de los anfitriones –de sus intenciones, caminos y lugares– y de su primera invitada.

Leopoldo

Todas las regiones argentinas tienen música popular. Cuando viajamos, salimos de nuestro lugar rompemos el hielo hablando de eso… nuestro lugar natal. Nos describe. Nos representa. Habla de vos venir del puerto, la costa, el microcentro porteño, el campo, el litoral, la montaña. Y yo empecé a notar en las giras que tocaba una música que no nombraba los lugares que transitaba habitualmente. Nombraba otros. Rítmicamente, no me recreaban ni contaban mi región: la costa atlántica argentina. El encuentro del mar y la pampa.

Un género musical es una matriz; una plantilla que representa un conjunto geográfico y social. Cuando no hay matriz hay una oportunidad: la de crear el molde. Cualquiera sea la profesión, la actividad o la vocación que uno tenga, siempre se trabaja con  moldes; hormas que se transmiten de generación en generación. Cuando no hay… creamos inherencia desde cero y tenemos la ventaja de que no haya detractores que pueden atacar o conservadores que intenten contener, poner límites a la creación.

Cualquiera sea tu camino, tu vocación, crear el molde es una indagación profunda a la identidad. No es como sentarse frente a la página en blanco. Es sentarse en el vacío a crear la página.

Los elementos de la Música

Para hablar de un género autóctono, un ritmo regional que cuente la región de la costa atlántica, habrá que tener en cuenta cuatro elementos. La melodía es el resumen de esos cuatro elementos.

Uno es el más descriptivo y abstracto: el ritmo; una convención de sonidos en el tiempo que percibimos con el cuerpo. Es sencillo porque todos lo podemos bailar y alcanza apenas un segundo, dos compaces, para que sea percibido y exprese toda su identidad: un patrón que refleja a un pueblo. Es un patrón tridimensional sonoro que refleja una cultura. Una constelación de sonidos fijado en el inconsciente colectivo. En esta región ese sonido es el mareo, que está basado en el movimiento del mar; no en el sonido. En ese elemento del paisaje –el mar y su movimiento– hay un patrón extraordinario. La dirección supone una contradirección. Un movimiento interrumpido pero continuado. El paisaje subyace allí. El paisaje sonoro surge de los movimientos intrínsecos del paisaje natural. La identidad aparece de clarificar nuestra memoria sonora.

El segundo, es la instrumentación. Sobre la guitarra criolla que cuenta la pampa, la existencia del tambor oceánico capaz de reproducir los sonidos del océano. Recrear con él una noche de verano, una sudestada y poder controlar esos sonidos.

El tercero, es la matriz lírica. De qué hablan las canciones. Un relato en la geografía de los acantilados, los mogotes que se pierden en el mar y el fin del macizo de Tandilia que se hunde en el agua. La lírica que nos permite ver la mirada del artista

El cuarto es el carácter. La esencia. Tan sutil que la partitura no puede anotarlo. La idiosincrasia, el clima. Lo que haría inviable la existencia de la Salsa en Finlandia y de la composición los Nocturnos de Federico Chopin en Puerto Rico.

Eugenio

Me encuentro con Leopoldo a partir de este concepto de identidad. El haber venido trabajando, en Arquitectura, pensando con esta clave. Qué es lo que hacemos y que hace a este hacer nuestro, propio, resultado de una identidad.

Él tiene este camino de crear una música local del litoral atlántico, pensando que puede crearse de la nada. En eso no estamos de acuerdo. Yo no creo que pueda crearse de la nada; mi intención –además de rescatar lo nuestro– es rescatar también las raíces propias y tenerlas como referencia al crear. A veces las expresiones genuinas de eso que ha habido en la historia no han prosperado en una continuidad por falta de políticas culturales a largo plazo.

En el año 85, apenas había terminado la carrera, en plena reapertura democrática participé del Primer Seminario de Arquitectura Latinoamericana en la Bienal Internacional que se llevó a cabo en Buenos Aires.

Recuerdo haber visto, entonces, a Rogelio Salmona, de Colombia. A Ceveriano Porto, de Brasil, quien recibió el primer premio por su obra. Haber visto en su obra la presencia de su lugar natal. La escuela argentina era más internacionalista, con Miguel Ángel Roca, de Córdoba y Clorindo Testa. Aparece para mí en ese momento más clara la idea de una arquitectura local producida desde el lugar propio que hablaba de las posibilidades constructivas locales; de las formas de habitar y de lo ambientalmente sostenible.

Los elementos de la Arquitectura

En Mar del Plata hay una generación de arquitectos que hicieron muy buena obra, tal vez menos divulgada de lo que debería estar. Rubén Pesci fue uno. Coco Rossi. Quarati Jakubowicz.

Kuki Escudero. De Schant y Marcus. Esas son referencias en cuanto a nombres.

Pero también está la arquitectura de constructiva pintoresquista –de teja, piedra, ladrillo– que define ciertas tipologías barriales, como la de Chauvin. Además están los recursos humanos que sin ser arquitectos tienen un saber hacer que ha definido modos constructivos y están las referencias que tienen que ver con los materiales que aquí se producen. El ladrillo, por ejemplo. En las canteras de la zona. Y que se hace artesanalmente.

La arquitectura adquiere sentido a partir de su dimensión humanística. Por eso me interesa una arquitectura que produzca ideas inspiradas en los valores humanos, en el interés colectivo y en su contexto histórico-cultural. Creo en la posibilidad de encontrar la mejor solución arquitectónica –con la personalidad propia de cada proyecto– articulando la obra con el contexto-paisaje; pensando en el impacto y las emisiones que produce toda obra durante su construcción y su vida útil. Eso requiere de una toma de conciencia desde el momento inicial de la producción de ideas. Todo buen proyecto de arquitectura supone ser creíble, construible y sustentable.

La arquitectura se expresa en los límites y estos hablan tanto de cualidades materiales como de cualidades inmateriales. Es tan importante la potencia material de un muro de piedra como el efecto inmaterial de la luz y la sombra en la concepción de un espacio. Me interesan particularmente los contrastes; lo grávido y lo ingrávido, lo luminoso y lo oscuro, la textura y la lisura.

Josefina

Yo estuve afuera y volví. Me fui para conocer –organizadamente, en la carrera de Arte Plásticas que estudié en la UBA– qué era el arte contemporáneo argentino. Dónde empezaba, de qué se trataba, quiénes lo representaban…

En el 98 regresé pensando en un lugar para producir y en dar algún taller académico. Pero no se me había ocurrido lo que luego fue Grapa: un grupo de reflexión, análisis y producción de arte. El lugar apareció rápidamente: un galpón atrás del Estadio Mundialista. Y también apareció un compañero, un coequiper, el artista Claudio Rouveda. Con él le pusimos un nombre al galpón: El querido. Y allí empezó a venir un grupo de artistas a charlar, a discutir su obra, a trabajar, a comer asados. De eso que pasaba surgió la idea del grupo. Y de un taller conjunto con otro norte: experimental, procesual, reflexivo, colectivo, acompañado de algunas lecturas y escrituras. Nunca planteamos aprender técnica sino hallar, en el proceso de hacer, la metodología propia. Compartir esos procesos de búsqueda, buceo, pensamiento.

Desde entonces nunca más mi cabeza paró. Todo se me empezó a colar en la obra; a volverse experiencia vital que es parte del arte y el oficio. Algo así.

Los elementos de la Plástica

Trabajo con una idea, un concepto, algo que pensar. Una palabra con anclaje filosófico, con preguntas. Pienso en las relaciones que se producen entre los objetos y las cosas. Me interesa generar en el otro una reflexión.

Ya no me cierno a los elementos propios de la plástica. El obrar es una experiencia tridimensional. Lo objetual, el espacio, el video empiezan a absorberse y volverse distintos modos de expresión. Lo que hago son ordenamientos formales de ideas libres.

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